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El Juli y su reinado, una época de maestría

El Juli y su reinado, una época de maestría

domingo, 1 de enero de 2017

El Mundo SALVADOR FERRER BAYARRI
El pasado 23 de diciembre se hizo oficial que el Consejo de Ministros concedía la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes al torero Julián López Escobar, El Juli. Otro 23, el de mayo de 2007, el maestro madrileño inmortalizaba a Cantapájaros, de Victoriano del Río, obra cumbre y un hito en la historia de Las Ventas. El Juli, tras la huella con forma de Medalla de Antonio Ordóñez, Miguel Báez Litri, Santiago Martín El Viti, Manuel Benítez El Cordobés, Pepín Martín Vázquez, Paco Camino, Manolo Vázquez, Curro Romero, Antonio Chenel Antoñete, Rafael de Paula, José María Manzanares, Ángel Luis Bienvenida, Juan Antonio Ruiz Espartaco, José Miguel Arroyo Joselito, Luis Francisco Esplá...

Solo Enrique Ponce y José Tomás, junto con El Juli ahora, el número 23 entre los distinguidos, han recibido tal distinción estando en activo. Un plus de categoría teniendo en cuenta que en este país las distinciones a los artistas siempre suelen llegar tarde si es que llegan. Lo del 23 son meras coincidencias numéricas. El caso es que el 23 es el número preferido de mi madre y -por amor de madre- me capta la atención de inmediato. En indultos, El Juli también suma 23. No es nada fácil que El Juli indulte un toro porque el madrileño los puede mucho por abajo, los exprime, y Julián no es de torear para el toro ni para realzar la expresividad corporal con la que, demasiadas veces, se quedan los espectadores del rito. El Juli torea para el ahondar en el toreo, para profundizar en la lidia total y la tauromaquia cabal que es poderosa o es menos tauromaquia.

El 23 era el dorsal de Michael Jordan, number one del baloncesto y de los Bulls (Los Toros, ya que estamos). Julián I del toreo, como así le hemos bautizado en estas páginas desde hace años, también es un número uno en la historia de la tauromaquia. El periodista Paco Aguado, brillante analista y autor del libro "El rey de los toreros, Joselito El Gallo", habla de El Juli como el Joselito El Gallo de la actualidad. El tronco gallista/julista es una evidencia indiscutible. Otra cosa es quien no quiera ver, no sepa ver o no pueda ver, cuyo complejo problema no lo resuelve un oftalmólogo.

Julián López entronca de pleno en las raíces taurómacas de José Gómez. De Gelves al Barrio de San Blas, un siglo después. El concepto de torero largo, el poder absoluto y omnímodo de la embestida, el dominio y la supremacía ante el toro, el magisterio precoz, los recursos infinitos, la variedad de su tauromaquia, los registros, la vocación y el instinto de liderar y de mandar que han tenido y tienen -sobre todo, porque pueden- ciertos toreros a lo largo de la historia. Y la influencia de la tauromaquia julista en las ganaderías actuales y en el toro que hoy se lidia. Como José Gómez Ortega.

Siempre he defendido que en el toreo es más artista quien moldea la embestida y se impone ante ella que quien compone la figura sin dominar. El torero es el artista/artesano que moldea, cincela o esculpe la bravura con las manos pero no solo. Los brazos, los dedos, las yemas, la cadera, la cintura, el pecho, las piernas y siempre... el alma que preside un concepto. Belmonte decía que para torear bien había que olvidarse del cuerpo pero el cuerpo es parte esencial en ese milagro que supone acariciar o acoplarse a una embestida. La bravura, la acometida, el instinto y el ímpetu del toro se manosea, se soba con las manos. El toreo es, en cierto sentido, pura artesanía. 

Desgraciadamente, se confunde muchas veces el arte con la estética. La estética es mayormente vacío, superficialidad, envoltorio, oquedad. Y, estimo, tiene más mérito y hay más arte cuando se conduce una embestida gobernada y cuanto más tiempo y distancia mejor, y más si es por abajo, que ponerse bonito con un trazo que no se impone al toro.

Por eso el trazo del muletazo julista es riquísimo en matices, administración de alturas, terrenos, distancias... Quizá, mejor dicho sin el adverbio, El Juli es el torero que más por abajo conduce y gobierna la bravura del toro. El trazo más extenso, el muletazo más profundo. Cuestión de precisión milimétrica, de magia y, obviamente, de temple, medicina infalible.

Hace un mes aquí en EL MUNDO escribí un artículo titulado "El toreo actual, una Edad de oro y diamantes". Fueron cuatro los diamantes analizados por orden de alternativa: Ponce, José Tomás, Morante y El Juli. Sobre López Escobar, ahora ya con su Medalla de Oro, tal cual: "El prodigio Juli, el torero más capaz y largo que han visto mis ojos. El lidiador más soberbio con capote y muleta, cuyo sometimiento quebranta más a los toros que muchos puyazos. La tauromaquia total, cabal y enciclopédica sustentada en una tremenda sapiencia y una afición/ambición/raza paranormal.

La maestría precoz y más insultante que se doctoró en tauromaquia con 15 años. El torero más poderoso. Y el toreo es poder al toro, y poderlo por abajo. Un secuestrador de embestidas que son poseídas e imantadas con el muletazo más largo, sometido, gobernado, profundo y rotundo que se recuerda si es que alguien vio alguna vez algo igual. Que yo haya visto, nadie ha toreado más por abajo ni al toro bravo de verdad ni al toro de fuerza contada. La magia y el don del temple. Un siglo después, la cristalización gallistade José Gómez en Julián López".

El Juli, en la terreta

La Comunidad Valenciana es una porción del imperio conquistado por El Juli en el Planeta Toro. Nos centramos en las tres capitales de provincia. En Castellón, arrancó cinco orejas en 1998 como novillero en un mano a mano con el local Alberto Ramírez. Ese día fue la primera vez que puso banderillas en España. Como matador, ya en 1999 sufrió una espeluznante voltereta vestido de rosa y oro y en la misma feria cortó cuatro orejas a una corrida de Jandilla con Curro, Faraón de Camas, como compañero de cartel. Una década después, el 30 de marzo de 2000, desorejó a un toro de Victorino Martín tras una obra cumbre por un prólogo genuflexo y magistral y por un fajo de naturales inmensos y al ralentí. Hebroso se llamaba cárdeno, el vestido sangre de toro y oro, y espléndida fue la faena, bordada al natural.

En Alicante, feria torerista con el toro medio y muchas veces el medio toro, El Juli ha ejercido habitualmente su mandato de figura. Con ese toro medio -el toro vulgar, dicen- es con el toro que las figuras más diferencias marcan. El que no sirve a casi nadie, les sirve a ellos para triunfar. Y con el bravo y complicado, más diferencias todavía. Especialmente en la Ciudad de la Luz se recuerda un mano a mano de Juli con Manzanares con el que el madrileño le dio un repaso al alicantino en su plaza. "Maracanazo de El Juli en casa de Manzanares", titulé en EL MUNDO el 20 de junio de 2010. Un baño en toda regla pese al balance numérico: cuatro orejas el madrileño, tres el alicantino.

Y Valencia. Así a bote pronto, 51 orejas y 17 salidas a hombros. En la Ciudad del Turia cortó una oreja cuando se presentó de novillero en 1998. En 1999, ya como matador de alternativa, actuó tres tardes; dos en Fallas, 17 y 20 de marzo, y en mayo en la corrida de la Virgen. En su presentación en el coso de la calle Játiva, de crema y oro con cabos negros, se la jugó a carta cabal con Ponce en el cartel ante toros de El Puerto de San Lorenzo.

La segunda tarde fallera salió a hombros tras una actuación de torero macho en la que fue por los aires varias veces. Otra vez, de rosa y oro. Una oreja a cada toro del lote de Alcurrucén con Vicente Barrera y Rivera Ordóñez en el cartel. Las figuras de época saben conjugar todos los verbos, especialmente tres de la tercera conjugación: saber, querer y poder. El tercer paseíllo lo hizo el 8 de mayo vestido de torrentí, al lado de Manzanares, padrino en las alternativa de Nîmes, y Ponce. Solo El Juli se fue a hombros en una corrida homenaje al escultor Mariano Benlliure. El madrileño esculpió la suerte del volapié, foto que fue contraportada de 6toros6. Tras actuar en un festival en Albacete, en esta corrida el madrileño reapareció de la cornada sufrida en Sevilla con un rosa y oro. Este panorama con 16 años.

Después vinieron y han venido tardes históricas y grandes faenas. Un 16 de marzo de 2001 de rivalidad eléctrica y a hombros con un Califa grandioso ante toros de Santi Domecq, aquel Puñalero a punto de indulto de Daniel Ruiz el mismo año en la Feria de Julio -con Joselito y Barrera- embutido en un gris perla, un toro de Fuente Ymbro, otro de El Pilar a hombros con El Cid y César Rincón en la enfermería o un año memorable como fue el 2010. En el 2006, por el contrario, cató el sabor agrio de la plaza pese a apostar por matar la corrida de Miura, pésima por cierto, en la Feria de Julio. Una tarde enrarecida, con las escopetas cargadas apuntando al joven maestro. En el XX aniversario de alternativa del maestro Enrique Ponce, Juli cortó cuatro orejas de seis posibles, goleó a domicilio a Ponce -heroico con el quinto, Osiris de nombre- y no hizo pleno de seis por la espada en un mano a mano en la cumbre con cariz de batalla entre maestros. Juli, pletórico e intratable, le brindó el sexto a Ponce, de leyenda a leyenda. Conceptos distantes, admiración mutua.
Maestro en plenitud, en la misma feria volvió a desorejar a "Enfadado", de Garcigrande, en la célebre corrida de siete toreros que homenajearon la trayectoria del maestro de Chiva. Una obra zurda de cabo a rabo. En 2015, en medio de un vendaval, el huracán Juli cortó cuatro orejas, dos al toro Acogido, de Garcigrande. Valencia, plaza sorista, espartaquista o poncista, no había visto cortar cuatro orejas a un torero desde que lo hiciera Víctor Mendes ante los victorinos en 1987. El Juli lo ha hecho dos veces: en 2010, con tres salidas a hombros, y en 2015, con dos puertas grandes.

Pero el primer gran triunfo en la provincia de Valencia de su incipiente carrera fue en 1994. De becerrista. En Puzol, pueblo de quien suscribe y con 11 años, El Juli ganó el certamen de "Monte Picayo busca un torero", un bolsín de categoría y relevancia nacional. Entre las promesas, solo un madrileño entre valencianos que le sacaban años y muchos centímetros de altura. Allí ya triunfó y deslumbró Juli y así lleva toda una vida. La maestría afloró desde la niñez.

El Juli y su reinado, una época de maestría


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