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Sabor y profundidad en una soberbia faena de El Juli en Bilbao

Sabor y profundidad en una soberbia faena de El Juli en Bilbao

jueves, 23 de agosto de 2018

“El Juli le pegó una docena de muletazos cumbre que encendieron la luz máxima. Pinchó y el público, muy educado ahora por narrativas de doble o nada, apagó todo y no hubo premio para lo que era de premio. Los públicos de hoy, metidos en tópicos enseñados, tienen la habilidad perceptiva de ir del cero al mil en un nada. una faena virtuosa con doce pases en la cima de lo despacioso y la cadencia de Juli. Llegó ese quinto a la muleta habiendo después de salir suelto, darse la vuelta al revés, venirse fuerte en banderillas y demostrar una movilidad difícil de cifrar. Impredecible, y eso es bueno para el toreo. Se salió el torero con el toro al tercio, erguido y le enjaretó como de sorpresa, Oh, tres lapas con la derecha de aúpa. Siendo toro siempre por hacer, en cada tanda y casi en cada pase, la siguiente fue de compás mas abierto, por abajo los vuelos, pero sin hacer daño.

Ante las protestas por el izquierdo, tomando el toro la tela con el pitón de afuera, El Juli comenzó a perderle pasos, siempre la misma distancia, siempre a favor del toro, y ya no hubo tropiezos sino más entrega, para otras dos tandas más, una de mando, otra de figura erguida de categoría. No tenía el toro nada más. Y nada menos. Se había puesto Bilbao en fiesta de olés, pero ya se sabe que en esta fiesta de hoy un pinchazo es una infamia y hay que darle al botón de la luz para apagarlo todo. Bueno. Así es el toreo porque la sociedad asín está: sustituimos la sensibilidad por la sensiblería del tópico. El segundo había sido un toro que derrotó siempre a la defensiva sin pasar por la muleta”. Mundotoro.

“El Juli malogró con la espada su buena faena al quinto, abierta son suavidad en el tercio probando las acometidas. Se abandonó de primeras a derechas, relajando la figura y templando mucho. Bajó más la mano en la segunda, haciendo sonar la música. El trato al natural fue igual de exquisito, consintiendo y alargando la embestida. De vuelta a la mano derecha imantó al animal en la muleta, haciendo sonar con fuerza los olés del público. Labor compacta, a más, con un final en el que apretó de verdad al de Garcigrande. Mató de pinchazo y estocada corta y saludó una fuerte ovación”. Aplausos.

“La serenidad y el temple de El Juli se antojaron por contraste una calma zen. La suavidad con aquel quinto sin excelencias, tan suelto de entrada, o salida, potenció sus bondades. Los derechazos reunidos, sin exigencias, la colocación exacta como la media distancia, las series necesariamente cortas y la ligazón o el paso perdido cuando convino. Que fue por el paso menor del garcigrande por la izquierda. El tacto, la seda y la ciencia julista en definitiva. In crescendo la intensidad. Ya definitiva y al ataque en la última ronda de derechazos, más profundos y rotundos. Como broche de una faena precisa. De sabia construcción. Lo único que se salió de su camino fue el volapié. Pinchó. Y el gesto contrariado de Juli reflejó el sentimiento por el premio que se desvanecía”. Zabala de la Serna (El Mundo).

Bilbao, miércoles, 22 de agosto de 2018. Quinta de feria. Menos de tres cuartos de entrada. Toros de Domingo Hernández (1º, 2º y 3º) y Garcigrande (4º, 5º y 6º).

Juan José Padilla (de fucsia y azabache) silencio y oreja; El Juli (de negro y oro) silencio y ovación; y José María Manzanares (de azul marino y oro) ovación y ovación.

Fotos: Arjona

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