Crónicas

Crónicas de Julián López

El Juli abre la puerta grande de La Glorieta

Fecha Plaza Cartel Ganadería Resultados
15/09/2012 Salamanca Pablo Hermoso, El Juli, Talavante Garcigrande Oreja y oreja

 

Salamanca. Sábado 15 de septiembre de 2012
Plaza de toros La Glorieta. Quinto festejo de feria. Casi lleno. Toros de Carmen Lorenzo (1º) y San Mateo (4º) para rejones y Garcigrande y Domingo Hernández (3º) para la lidia de a pie.
Hermoso de Mendoza, ovación y dos orejas; El Juli (de nazareno y azabache) oreja con petición y oreja; Alejandro Talavante (de negro y plata) dos orejas y silencio.

mundotoro

El público también tiene la capacidad de emocionarse o de expresarse en un coso. Hoy, con la faena al segundo de la tarde, los tendidos vibraron. Lo toreó suave de capa, realizándole un quite por chicuelinas al que respondió Talavante por gaoneras. El Juli estuvo rotundo con la muleta y consiguió momentos verdaderamente importantes por el pitón derecho sobre todo, en tandas largas en las que el toro fue pronto, humillando y empleándose. Con la izquierda, mucho mando. Eso necesitó el de Garcigrande, y el madrileño se lo impuso. Fue así como también extrajo tandas al natural de importancia que le hicieron merecedor de la oreja, incluso de la segunda, negada por la presidencia. El Juli es capaz hasta de sacar lo posible a un toro casi imposible. Es la capacidad en su máxima expresión y en mayúsculas. A su segundo le arrancó una oreja a base de eso, capacidad. No fue más, puesto que el toro no fue lucido, resultó engañoso por el pitón derecho y peligroso e incierto por el izquierdo. El madrileño logró lo mejor por el derecho en los primeros compases de la faena, cuando obligó al de Garcigrande que no quiso emplearse del toro. Sin acabar de romper, consiguió por ese pitón lo mejor, puesto que por el izquierdo resultó peligroso. Cortó una merecida oreja tras una estocada algo trasera. Paula Zorita

aplausos

El Juli cuajó a su primero, un toro noble pero con las fuerzas justas. Supo medir muy bien los terrenos y la distancias, teplando con pulso. Buena faena mal rematada con la espada, quedando el premio en una oreja. El Juli cortó otra oreja del quinto, un toro de Domibgo Hernández protestado de salida por su poca fuerza. Pero El Juli cuidó al toro, que se vino arriba y lo cuajó bien con la muleta. Estocada casi entera. Paco Cañamero

burladero

El Juli dejó su tarjeta de presentación con un precioso saludo de capote con verónicas de mano muy baja, bajísima, rematadas con una media de cartel. Tras el puyazo, El Juli y Talavante rivalizaron en quites, dejando claro su grado de compromiso con la entendida afición salmantina. El Juli regaló un precioso y torerísimo quite, haciendo que los espectadores dejaran el abanico con el que paliar el intenso calor en el asiento para ponerse en pie y aplaudirle a rabiar. Talavante no se quedó atrás y replicó por gaoneras. Desde el inicio de la faena El Juli llevó muy larga la embestida de Engreído, aprovechando su extraordinaria acometida. Por la izquierda firmó naturales de enjundia, todo ello con la facilidad y la solvencia de un figurón del toreo. Final de faena con tres circulares por ambos pitones con las manoletinas aplomadas sobre el albero. El toro viajó en torno al terno nazareno y azabache del torero, que no movió ni un ápice de su cuerpo. La estocada marca de la casa fue el preludio a que el madrileño paseara por el anillo la primera oreja de la tarde. En el quinto se enfrentó a un toro más rebrincado y de menos opciones que su primero, siendo protestado en los primeros tercios. A pesar de ello El Juli lo fue metiendo en el canasto a base de tesón, firmeza y calma, mucha calma, para extraerle series muy meritorias por la derecha. Fortunito llevaba peligro por el pitón izquierdo, pero ni aún así el madrileño frena la marcha del tren arrollador que representa esta temporada. Quería la Puerta Grande, una más a sumar, y así fue. ¡Bendito Juli! Toni Sánchez

cultoro

 

Saludó El Juli cortés, aún sin encajar. Devolvió el toro el saludo con la cara alta -como hacen los de pueblo cuando ven a un paisano-. Y en ese viaje en busca del ten con ten, el de la suerte, el quinto, le habló: “Julián, te vas a quedar en tierra”. Oídos sordos, diestra arriba y zurda a lancear. Ahí que volvió de nuevo: “Julián, que no”. Se mordió la lengua y lo puso al caballo. Negó con la cara arriba, pero El Juli ni lo miró.
Agarró la muleta, arrugó el morro y le enseñó la cicatriz. Tras diez minutos callado lo saludó con un ¡eh! -aposentado en la raya del tercio, en la delgada línea donde se colocan los insumisos- y le dijo “toma tres”. El Garcigrande los tomó negando, de lado a lado. Le volvió a ensañar El Juli su marca facial y allá que se fue a dominarlo: alargó fajándose, le enseñó lo que era la barriga…, y el desagradecido de él, en la tercera tanda -cuando empezaba someter-, le soltó dos bofetadas al fajín: “¿Te has enterado, Julián?, ¡que no vas a poder!”. Juli respondió enseñándole la izquierda, mientras esos abiertos pitones iban llegando a la altura inicial, en la que el toro habló. Lo hizo para no callarse más. Julián respondió como sólo puede responder el que vive en el alambre: se espatarró, y desparramó por el albero su nazareno y azabache señalándole con el estaquillador lo que tenía entre sus piernas.
Sutil uno, lenguaraz el otro. Se enzarzaron en una discusión final en la que -el quinto, el de la buena suerte- le repetía con histriónica voz “¿te has enterado, Julián?”. Para aquel entonces el público ya había escuchado la voz de pito que gastaba ese quinto. Con la muerte señalando y  una sorna de gallo de pelea levantó la gaita y se la volvió a soltar. Apretó Julián dientes, manos, muslos y recogió lo que el quinto le quiso negar. Cuando el público vitoreaba a Juli por hablar callado, éste se acercó la oreja y le susurró “sí, ya me había enterado”.
Antes de que el quinto hablara, Juli, comulgó catecismo de silencio -y vuelo de muñecas- con un Gracigrande que sí sabía quién era el de nazareno y azabache. Se movió como lo hacen tantos en su muleta. Derrochó hocico bajo para aprovechar las dos cuartas de tela que alisaban el piso de La Glorieta, lo hizo por el izquierdo y también por el derecho. Y sólo por el simple hecho de saber quién era Juli, y cómo se las gasta. Iván Ramajo

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