Crónicas

Crónicas de Julián López

Un gran Juli sale a hombros en Santander

Fecha Plaza Cartel Ganadería Resultados
25/07/2007 Santander El Juli, Castella Montalvo Palmas, dos orejas y ovación


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  • Santander. Miércoles 25 de Julio de 2007


    6ª de feria. Lleno de ''No hay billetes''. Cinco toros de Montalvo y un sobrero bis de La Palmosilla, lidiado en sexto lugar.


    El Juli (de salmón y oro) palmas, dos orejas y ovación; y Sebastián Castella (de salmón y oro) silencio, ovación y palmas


    El Juli salió en hombros


    “El absolutismo de El Juli”. Por Zabala de la Serna (ABC)


    El Juli está intratable, en un momento de gobierno absoluto, soberana madurez. Ahora mismo no hay quien le tosa en el toreo. «Quién destaca o quién se mueve, que me lo pongan», parece decir en cada paso que da Julián López. Y cada tarde se motiva, se espolea, se crece para acabar firmando la página de historias y duelos. Ayer se programó otro mano a mano, esta vez con Sebastián «Le Coq» Castella. Pero el gallo francés está sin espolones. O sin espada. Y no hubo caso. Como si el «jogo bonito» brasileño no se transformase en goles o a Rafa Nadal no le entrasen las bolas definitivas y decisorias. La faena de El Juli al tercero de la mansa corrida de Montalvo, desigual y con sus distintos grados de seriedad, dinamitó el «partido». La verdad es que fue el mejor toro, y lo cierto también es que a los buenos toros hay que cuajarlos y matarlos. Juli lo toreó con rotundidad desde el principio por alto. Bella la trincherilla y el pase del desdén. Y luego lo enganchó siempre por delante en series sobre ambas manos, sólidas, macizas, libradas unas con pases de pecho de pitón a rabo y otras, principalmente las zurdas, con improvisados adornos: un molinete invertido ligado a otro natural le salió bordado. Llegados a este punto, terminó de reventar al toro con la derecha y por abajo. Supo tapar además ese punto de la embestida de acabar con la cara a media altura en los finales de viaje. El cierre andándole y un espadazo le pusieron en su haber las dos orejas.Lejana había quedado la primera faena de El Juli, de una solvencia y unos recursos (técnicos ahora) apabullantes. Empezó sobando al toro y poco a poco lo hizo romper hacia delante, con la muleta siempre puesta en la cara. Seguridad, sitio, cabeza preclara, ni un paso atrás. Una distracción del toro en el mismo momento del volapié provocó un pinchazo. Sería el único de su actuación, porque al rajado y huidizo y cinqueño quinto, que se volvía al revés, lo pasaportó con letal contundencia.


    “Sensacional El Juli, que sale en hombros con mansos toros de Montalvo”. Por José Ramón Lozano (mundotoro)


    El Juli demostró con el único animal que se lo permitió el buen momento por el que atraviesa. Los mano a mano le están sentando bien al torero madrileño. La casta y la raza de torero grande queda patente en sus gestos. Una salida de la cara del toro o la rabia con la que mira al burel mientras se cruza son las expresiones propias de la ambición que tiene el joven torero por demostrar que es una máxima figura del toreo. Antes paró a sus toros con acierto, dándoles tiempo y dejándose ver para conseguir encelarlos. A su segundo le dio su tiempo y le dejó embestir a su aire hasta que el toro se creyó su condición de bravo. El dominio de las alturas, de los cites, de los toques, de las distancias y los terrenos unidos a la casta que tiene y a la pureza con la que ejecuta las suertes le facilitó la salida en hombros de la plaza de Santander. Con el primero y el quinto poco pudo hacer. Una labor parecida a la que sucedió en el tercero vino de la mano del primero de la tarde. Un toro al que trató de encelar con al voz y una muleta siempre dispuesta fueron las claves de varios muletazos ligados hasta que el toro dijo basta. El quinto dijo hasta aquí ya en el tercio de banderillas. Antes, un gesto de El Juli con el sobresaliente de la tarde, Miguel Ángel Sánchez que intentó quitar al toro por verónicas, fue algo más por lo que definirle maestro. Lo que vino después fue un ir y venir detrás del toro para sacarle tres o cuatro muletazos. Estocada y el toro patas arriba. Ovación al torero por una labor encomiable.


    “Un gran Juli sale a hombros con una mansada de Montalvo”. Por Mario Juárez (burladero.es)


    Así las cosas, cada contendiente en el mano a mano vio sus bazas restringidas a dos toros. Uno potable para cada uno. El primero de Juli fue un cabrón. Orientado desde el principio, el toro arreó de lo lindo pero con mal estilo. Sin ir nunca metido en la muleta, sin una embestida clara, el toro esperaba y arrollaba. Se lo pensaba y medía. Buscaba. Julián estuvo muy por encima de él. Haciendo fácil lo complicado. Lo trató como si fuese bueno, lo desengañó, se lo sacó a los medios y comenzó a ligar los muletazos con una naturalidad pasmosa. El grueso de la faena fueron dos series en redondo y otra al natural con la mano baja, mucho mando, pulso y firmeza. Obligó al toro a tragarse los muletazos, cada vez más largos, más obligados, más ligados. En la serie de cierre hubo un derechazo que pareció un redondo completo. Sin embargo, todo lo despreció con la espada. Pinchó y el toro después tardó en caer mucho. La faena grande llegó con el tercero. Toro nada fácil. Manso en los primeros tercios. Pero Juli vio el fondo y le dejó a su aire. Se lo sacó a los medios muy despacio, con trincherillas, cambios de mano y pases de pecho con gusto. Toreó como bravo al manso. Le dejó confiarse, coger la tela, se la dejó siempre en el hocico y terminó metiéndolo en la canasta. Por el pitón derecho respondió el toro a la muleta que Julián manejaba como un imán. La primera serie en redondo lo templó, la segunda bajó la mano y alargó el viaje; la tercera, ya al natural, fue impresionante. Ahí se rompió el torero. Por ese pitón protestó el toro y por ese se gustó el torero. Dos series larguísimas, encajados los riñones, bajando la mano, fijas las plantas y templado, muy templado. Hasta el final lo llevó siempre. Cada vez más y más bajo. Más y más templado. Con la faena en ebullición, y el toro ya entregado, Julián volvió a la mano diestra. Y llevó la serie más rotunda de la faena. En redondo, hasta el final, a ralentí. Ligó los muletazos en el sitio, sin rectificar un palmo, antes de tirarlo de un estoconazo. Las dos orejas fueron el premio a una lección de técnica prodigiosa, de manejo de las alturas, distancias, tiempos, terrenos y cites.

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