Crónicas

Crónicas de Julián López

Logroño: Una oreja a la entrega y torería de El Juli

Fecha Plaza Cartel Ganadería Resultados
22/09/2005 Logroño Rivera Ordóñez, El Juli, Eduardo Gallo Martelilla Palmas y oreja

LOGROÑO. Jueves 22 de septiembre de 2005

Con casi lleno en el coso de La Ribera se han lidiado cinco toros de la Martelilla y un sobrero de Rivera de Campo Cerrado lidiado en primer lugar

RIVERA ORDÓÑEZ (de rioja y oro) SILENCIO Y PITOS
EL JULI (de verde botella y oro) PALMAS Y OREJA CON PETICIÓN
EDUARDO GALLO (de azul añil y oro) SILENCIO Y SILENCIO

”El Juli, inmenso”. Por Alberto Ruiz (6toros6)

El jueves en Logroño el único torero que podía triunfar era El Juli, porque sólo él salió dispuesto a jugarse el tipo sin concesiones ante una corrida desrazada y deslucida de Martelilla. Julián López apostó y triunfó en otra plaza del norte para dejar, de una vez portadas, las cosas claras en un año duro, exigente e injusto para él, pero en el que al final se ha impuesto al sistema y ha defendido con contundencia y autoridad su condición de máxima figura.
Así lo hizo también en La Ribera, en una tarde inmensa de principio a fin, aunque ninguno de sus toros le pusiera fáciles las cosas para el triunfo. Su primero, fino de tipo y astifino, embistió sin ritmo y a empujones, pero Julián le toreó con temple, limpieza y suavidad para poder sacar partido de un toro que no escondía nada.
Pero lo bueno, lo de más peso hasta ese momento en la feria, vino en el quinto, un salpicado de Martelilla que llegó con pies y cierta aspereza al último tercio. Pero El Juli lo vio muy claro y se puso a torear pronto en los medios. Las dos primeras tandas con la mano derecha fueron limpias y ligadas, dándole mucha distancia al toro para aprovechar la inercia en los siguientes muletazos. La tercera, con la mano izquierda, esperando al animal con la muleta presentada en el segundo muslo, fue un prodigio de técnica y valor. Pero el de Martelilla, ya podido, se afligió, y El Juli, muy inteligente, le atacó en corto y se jugó la vida entre los pitones en otras dos tandas muy serias y de asfixiante aguante. En el remate de una de ellas, el toro se le quedó debajo y le prendió por la ingle sin llegar a hacer sangre. Julián se levantó sin mirarse y reaccionó con raza para cuajarle seis muletazos más de gran intensidad. La plaza entera, puesta en pie, se entregó al joven maestro, que dejó una estocada algo caída. En otros tiempos, sólo con la intensidad con la que se vivió la faena, le hubieran dado el rabo, pero esta vez sólo paseó una rácana oreja.


Por Mundotoro

La entrega, torería y responsabilidad de Julián López El Juli amortiguó la mala clase, falta de raza y fuerza de una corrida de Martelilla que ha dado al traste con uno de los carteles de una feria que está teniendo buena respuesta del público, pero que, hasta el momento, sólo destaca la corrida de Cebada. El Juli se ha comportado como figura responsable y, frente al toro que más se dejó, pero sin humillar y sin raza, lo ha exprimido bien, sobre todo con la mano derecha.

Gran capacidad la del torero, que fue prendido al intentar un pase circular, afortunadamente sin resultar herido. Mandó tapar a todos el torero, tiró de raza y lo despachó de estocada algo baja. Se pidió con fuerza una oreja. Con el segundo, descastado y sin clase, había mostrado responsabilidad.

“El Juli salva la tarde con su casta”. Por Juan Posada (La Razón)

Siempre se ha dicho que las figuras del toreo son los diestros capaces de, en un momento dado, resolver la papeleta y maquillar una tarde soporífera, como la de ayer en Logroño. Ése fue el mérito de El Juli, que cortó una oreja del quinto que pudieron ser dos si hubiese matado con corrección a su primero. Vaciló en los inicios, pero se afianzó al sacar fuerzas de flaqueza, en especial en su segundo, tras una fuerte voltereta. Lo mejor, que el público desde que el principio vio en él deseos de cumplir su cometido con honestidad. No fue una tarde brillante, sí de las que marcan a una primera figura del toreo.
El Juli con el segundo de la tarde realizó una faena de buen torero, consintiendo al gazapón animal a base de paciencia, situarse en el lugar exacto, la media distancia, y dando el paso a la vez que presentaba la muleta. Los primeros naturales no tuvieron lucimiento, pero sí efectividad. Cambió a la derecha, pitón por lo que el toro fue mejor, y tras dos tandas llevándolo largo volvió a la zurda y ya el animal, dominado, respondió. El público estuvo pendiente de él durante toda su labor, que fue la clásica de un diestro que conoce su profesión a la perfección.
Lidió muy bien al quinto con el capote, al que sacó fuera con la muleta y le hizo una faena, al principio con más valor y genio que eficacia, por estar un poco fuera de cacho y un tanto separado. Conforme trascurrió el trasteo fue a mejor, porque el torero se centró más, adelantó el engaño y se lo pasó cerca. Así lo entendió el público, que lo jaleó con fuerza. En un muletazo redondo por la espalda, ligado a un molinete, fue prendido y volteado dando la sensación de estar herido. Por fortuna, no fue así. Volvió a repetir el mismo lance, con el público entregado, y otros varios de la misma factura. Faena responsable, de las que resuelven, aunque sea in extremi, las figuras del toreo que, como en este caso, se volcó en el morrillo. No debía perder tan buena ocasión.


“El Juli nos saca de pobres”. Por José Antonio del Moral (Ocio Crítico)

A poco de sufrir otra cornada como la que, hace días, sufrió en Valladolid, cortó la única oreja de la tarde al noble toro que le cogió y pudo cortar otra del bastante peor segundo que pinchó

Y la doble actuación de "El Juli" frente a dos toros distintos de "Martelilla", nos sacó por fin de tan pobres resultados si los contemplamos desde lo que la lidia y el toreo deberían ser: que los toreros anden por encima de los toros malos y que con los buenos al menos resuelvan a la par. "El Juli" anduvo muy por encima del segundo de ayer, le sacó partido inverosímil por los dos pitones a base de aguante, de firmeza y de temple. Pero como el animal desparramó la vista cuando Julián se perfiló para entrarlo a matar, pinchó por echarse fuera y dejó luego un espadazo defectuoso que necesitó del descabello, perdiendo por ello un posible primer trofeo.
Cambio de decoración con la alegre salida del quinto. Otro quinto bueno. Y consecuente alegría de la nutrida parroquia al ver tan dispuesto a "El Juli" en su sempiterno propósito de triunfar a toda costa. Buena y justa lidia. Y enseguida a los medios como pedía el toro para recrearse primero por redondos y después al natural. Faena de aspecto muy fácil. Quizá un poco por las afueras pero sabrosa por perfectamente ligada y finalmente adornada con molinetes recetados en la misma cara del astifino burel que, en un descuido del joven gran torero, le tiró un derrote y acertó a prenderlo y derribarlo al tiempo que "El Juli" rodaba sobre sí mismo para evitarse otra cornada. Pareció, no obstante, que ya la llevaba recibida pero aunque el rostro del torero delató que el percance le había dolido mucho, no le arredró. Se levantó rabioso, repitió el trance exacto y se entregó al entrar a matar aunque la estocada le cayó caída. El gesto enrazado de "El Juli" sirvió de talismán.


“El Juli, que tanto manda y casi todo puede”. Por Barquerito (Correo Digital)

Del aire y el son en que anda El Juli quedó huella en Logroño también. Fue con dos toros de Gonzalo Domecq. Un segundo que se llamaba Engañoso, y no fue del todo causalidad el nombre, y un quinto que se decía en los papeles Fluorado. ¿O sería Florado? Fue buen toro. A los dos les dio El Juli fiesta. Al toro engañoso, que lo fue más o menos, lo sostuvo con tiento y habilidad. Por flojo se había devuelto el primero de los seis de Martelilla. Este segundo dio impresión de frágil por la traza: zancudito, sacudido, poco rematado por detrás. Y por la manera de venirse: sin apoyar del todo, sin terminar de asentarse, pero con buenos pies.

Toros de esos se le van al suelo al más pintado. A El Juli no. Listo, lo supo enredar y fijar con una docena seguida de lances, de pasar el toro primero y de tocarlo sólo por delante después, y con ellos lo dejó templado. Las fuerzas estaban entre el sí y el no, pero, cuando se quiso echar cuentas, el toro estaba picado, y además había apretado en la primera de las dos varas. Picado y banderilleado. Como era celosito pero estaba crudo, pasó lo propio de esa doble circunstancia: que se vino gazapeando, andando, midiendo. El Juli se puso con él en los medios sin más. Y por la mano izquierda sin más ni más también. No es que el toro dejara de gazapear como por ensalmo, sino que El Juli le perdió pasos y se lo trajo tapado todas las veces y, según lo soltaba, ya lo estaba tocando más que enganchando sin dejar al toro ver nada que no fuera engaño. Las ganas de venir pero el justo empuje del toro aconsejaron a El Juli torear sin castigar.

El secreto severo de la faena fue la manera de administrar el gas del toro, de pasarlo de abajo arriba, de sobarlo lo justo, de obligar lo imprescindible. Pese a todo eso, el toro, al confiarse, se vino rebotado en algún ataque. El Juli adornó la seca sustancia de tanta técnica con detalles de toreo antiguo: cambios de manos en los broches de tandas cortas, y tras el cambio, un recorte a compás semicerrado. Hubo una preciosa salida al paso, ligada con un pase del desdén forzado y, tras éste, una nueva salida bien airosa. Linda faena pero, sobre todo, adecuada y sabia. La banda la acompañó por casualidad o no con las notas del 'Domingo Ortega', el maestro que llegó a patentar hace más de medio siglo el toreo al paso. Con el toro distraído, El Juli se empeñó por alguna razón en atacar con la espada en la suerte contraria y no acertó hasta el segundo viaje. No lo vio claro.

El quinto

El quinto, negro entrepelado y salpicado, escapulado, con muchos pechos y buena percha, resultó el mejor de la corrida. Las manos de El Juli pusieron de su parte no poco y de nuevo. El toro descolgó en los lances de saludo sin que El Juli lo obligara, cobró un puyacito mínimo y otro igual, y El Juli, que salió a quitar por chicuelinas, cortó quite cuando sintió que al toro le iba a hacer falta el fondo entero para llegar hasta el final. Entre El Juli y Alejandro Escobar lidiaron sobria y sordamente. De modo que estaba clara la apuesta. Banderillearon muy bien Carretero y Emilio Fernández, El Juli brindó al público en señal de compromiso seguro, el toro se vino berreando a tres primeros medios muletazos de prueba y por delante, que son del repertorio privado, y, en fin, sin más preámbulos El Juli se fue a veinte metros, citó de largo con la diestra, alegró al toro con una sola voz y de pronto ya estaban librados cuatros muletazos en redondo muy encajados, templados, ligados y rematados con uno de pecho de pitón a rabo.

Ya estaba entonces sonando la banda. Otra tanda de idéntica forma, pero con El Juli apostando por la media altura y por abrir al toro, que es como iba cómodo. Una pausa. No un paseo al uso. Sino un respiro al toro, que volvió a querer cuando El Juli lo invitó de nuevo. Esta tercera tanda tuvo de remate un singular juego: un cambio de manos ligado con un limpio farol a cámara lenta, un pase del desdén y el recorte con la salida al paso. Muy bonito. Pero se empezó a apagar el toro. Al echarse El Juli la muleta a la izquierda, el impulso fue menor. La tanda, despegada y de pierdepasos, enfrió. Entonces volvió El Juli a los cambios de manos y a sorprender. Ligó un molinete con un circular cambiado. Cuando lo estaba librando, el toro lo prendió por la entrepierna, lo derribó y lo buscó por el suelo. La manera de levantarse de El Juli fue formidable. «Sin mirarse», se ha dicho siempre para ponderar el valor de un torero. Y tal fue. Sin pensárselo ni un segundo, El Juli estaba otra vez en la cara del toro, otro circular, igual al de la cogida. Fajada pelea. De pronto, un desarme porque se empezaba a avisar el toro. El desarme lo convirtió El Juli en un fiero desplante cara a cara y de rodillas. Escarbó el toro pidiendo la muerte, El Juli parecía cojear un poco, pidió la espada, cuadró con algún problema menor y enterró desprendida una estocada inapelable. Raza de primera figura del toreo.

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