Crónicas

Crónicas de Julián López

EL JULI INDULTA OTRO TORO EN MÉRIDA (VENEZUELA)

Fecha Plaza Cartel Ganadería Resultados
08/02/2005 Mérida, Venezuela Luis Augusto Rodríguez (Rej), Uceda Leal, Otto Rodríguez, El Juli Rancho Grande Palmas y dos orejas simbólicas


MÉRIDA (Venezuela). Martes 8 de febrero de 2005


El Juli, pletórico, indultó a "Peregrino" de Rancho Grande, el segundo indulto que logra en sólo tres días

Feria del Sol, quinta de abono. Con lleno en la plaza de toros Monumental “Román Eduardo Sandia” se han lidiado cuatro toros de El Prado, y dos de Rancho Grande, indultados los lidiados en 6º y 7º lugar.

El rejoneador LUIS AUGUSTO RODRÍGUEZ (Palmas)
UCEDA LEAL -de oliva y plata con remates negros- (Una oreja y palmas)
EL JULI -de verde botella y oro- (Palmas y dos orejas simbólicas)
OTTO RODRÍGUEZ -de burdeos y oro- (Ovación con saludos y dos orejas simbólicas)

Rubén Darío Villafraz Paredes (burladerodos)

A pesar de su bella presencia, el primero del lote de Julián tuvo poca fuerza, por lo que materialmente el torero tuvo que robarle los pases que le fueron agradecidos por la concurrencia, más por el deseo de triunfo del torero que por el juez del astado. Tres intentos con el estoque a toro parado, antes de un golpe de descabello, pasaportaron al burel mientras El Juli volvía en silencio a la barrera.

La molesta llovizna de toda la tarde se tornó en lluvia cuando Julián lidiaba a su segundo y fue la técnica, el dominio y la entrega del madrileño, los que provocaron que el público aguantase firme en sus localidades para verle torear a “Peregrino” de Rancho Grande, una astado noble pero escaso de fuerza, que contó en el sabio muletear de Julián el remedio a las carencias de un astado al que le faltó el tranco final de los toros bravos. Una cosa es indultar un toro que reúna características para padrear y otra es mandar a los corrales un producto que ni en el capote, ni en varas, ni en banderillas se vio como mandan los cánones. No podía faltar esta feria sin un indulto para alguno de los hierros de los ganaderos tachirenses.
Ha sido “Perucho” (el sexto toro) un toro de mucho más merito para el indulto.


Por Jorge Cepeda (Diario Cambio de Siglo)

El madrileño lució un precioso terno verde botella y oro con cabos blancos, tenía un gran compromiso con los merideños, el cual fue retribuido con su actuación. A su primero, el más bonito de la tarde un colorado, ojo perdiz, acaramelado, lo recibió con tres verónicas y media que hicieron oír las primeras palmas, también dejó que le picaran duro el astado y le llegó sin fuerza al último tercio, lo probó en un quite donde notó la escasa fuerza, con la muleta le hizo una faena en si misma por las pocas condiciones, a media altura le dio derechazos importantes y se acunó en los pitones lo que la gente le agradeció. Su labor fue premiada con palmas y saludos. Con el quinto de la tarde, el espada madrileño dejó que le señalarán un puyazo a su toro, con la muleta le llegó con buen son, pero escaso de fuerza, allí en los medios le dio una buena serie con la derecha, sin bajarle la mano a media altura, el toro se le entregó y con su dominio y conocimientos lo fue consintiendo y le realiza una gran faena, donde el público también se entregó, le daba distancia y lo enseñó a embestir, pases sobre ambas manos de gusto y parsimonia el público pidió el indulto el cual fue otorgado por los miembros de la comisión taurina, le dieron las dos orejas simbólicas.


Por Diario Pico Bolívar

"El Juli”, torero por quien se había despertado la expectación más grande de la feria por verle no defraudó a su legión de seguidores y seguidoras. En el primero de su lote jugó a torear, al demostrar con una facilidad increíble el porqué es uno de los mandones en el firmamento taurino. Literalmente se ha jugado el físico como quien “pela una mandarina”, ante el escaso recorrido del toro. El manejo de la espada le privó de cortar oreja, de seguro pedida por el soberano. Se redimiría en el quinto de lidia ordinaria, en el que dejó patente la maestría que le diferencia del resto. Indultó a “Peregrino”, de Rancho Grande, teniendo como premisas aguantarle y sopesarle las embestidas nobles de un toro que escasamente se le vería en el caballo para tal premio. Las pasiones en el tendido se desataron, no dudando la presidencia en conceder el mismo.

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