Crónicas

Crónicas de Julián López

El Juli a hombros en Albacete en la Corrida de Asprona

Fecha Plaza Cartel Ganadería Resultados
26/06/2003 Albacete Dámaso González, El Juli Las Ramblas Oreja, oreja y palmas

ALBACETE. Jueves 26 de junio de 2003

El madrileño y Dámaso González cortaron dos orejas y salieron en hombros

Con más de tres cuartos de plaza se ha celebrado la XXXI edición de la clásica corrida de Asprona. Se lidiaron toros de Las Ramblas, bien presentada, de juego desigual y destacando por encima de sus hermanos el lidiado en tercer lugar.

DÁMASO GONZÁLEZ (de caña y oro) SILENCIO, OREJA Y OREJA
EL JULI (de celeste y oro) OREJA, OREJA Y PALMAS

Con un ambiente muy agradable, y no me refiero precisamente en lo meteorológico, se ha celebrado una nueva edición de la corrida de Asprona que, como también suele ser habitual, contó con la presencia de las cámaras de televisión española.
El cartel era de un atractivo inmejorable. Volvía a su Albacete Dámaso González, y su público le apoyó constantemente demostrándole un gran cariño. Y el otro componente de la terna, porque era en calidad de mano a mano, era el número uno El Juli. Así que más alicientes no podía haber. Bueno, los toros. Que también fueron albaceteños, la ganadería de Las Ramblas. Y por toriles salieron seis toros grandes y con cuajo, con varios rozando o superando los seiscientos kilos. Después la corrida fue manejable, con matices. Porque el cuarto, que cogió a El Juli y lo rebuscó angustiosamente por la arena, fue un animal rajado y con guasa. Como contrapunto tuvimos al toro anterior, el tercero. Un animal de preciosas hechuras, muy fino, y de una gran armonía hasta en la cuerna. Un toro “echao pa alante” como se dice en la jerga taurina, y que dio muy buen juego.
Julián López “El Juli”, al final, con el toro con el que más disfrutó fue con su primero. A esto lo recibió con temple en las verónicas y con una bellísima media con los pies juntitos. Impactó el quite, sobre todo al principio, porque cuando ejecutó una chicuelina, quiso ligarla con una tafallera y ni el toro ni el torero se movieron. Julián totalmente de espaldas esperó hasta la arrancada y el trance resultó jaleadísimo. Continuó con chicuelinas, ya sin tafalleras, y remato con lenta larga. Brilló con los palos con su ya clásico clasicismo. Y en los medios, para evitar la tendencia a mansear del de Las Ramblas ejecutó derechazos ligados y sin enmendarse entre uno y otro. Los naturales resultaron especialmente largos cuando fueron ejecutados hacia los adentros. Faena honda con chispazos muy artísticos en pases de pechos con el compás abierto o a pies juntos. Remató la faena con sus habituales y bellos ayudados por bajo y se perfiló con las dos orejas en la bolsa. Lástima de un metisaca en los bajos, imposible en El Juli, en el que debió haber algún despiste del toro o en donde pudo sentirse incomodo ante alguna banderilla porque el torero se tiró a ley. Tal y como buceó en el segundo encuentro dejando, ahora sí, un fenomenal estocadón.
En cuarto, como ya dijimos, fue el peor de la corrida. A este toro acertadamente no lo banderilleó. Lo porfió Julián, dándole sus distancias, para intentar meterlo en el canasto. Pero en el cierre de una tanda, en un muletazo muy relajado, el toro se volvió en sus patas y empujó al torero a la arena en donde recibió una fuerte paliza. Con un fuerte golpe en la mejilla producto, seguramente, de un pezuñazo y con un varetazo en la espalda consecuencia, sin dudas, del pitón que le buscaba en el suelo, Julián volvió gallardo a la cara. Se cabreó de veras y le salió adelante con raza y casta. Concluyo a años luz por encima del toros. Cobró nueva estocada que necesitó de un golpe con el verduguillo y paseó una nueva oreja.
El sexto era, en principio, el toro de la corrida. Sus hechuras así lo anunciaba. Pero El Juli, que salió muy decidido a recibirlo, se vio apurado ante las cortísimas embestidas del toro. Pareció desplazarse más ante el capote del banderillero, por eso dio la oportunidad al sobresaliente, en buen gesto, de lucirse. Pidió las banderillas e hizo vibrar a un público entregado. Brindó a los niños para los que estaba dedicado el festejo y comenzó la faena intentando alargar el leve recorrido del animal. Le encontró muy bien el sitio: perderle unos pasos entre pase y pase y salirle muy adelante. Logró buenos derechazos y naturales, logrados a base de maestría y conocimientos.
¡Lástima que le hubiera tocado un toro bravo para recrearnos con un torero en un gran momento!
Tuvo otra oreja cortada, que hubiera sido la tercera, pero lo pinchó varias veces. Y a hombros salió junto a Dámaso, quien brindó su segundo toro al gran Manolo Lozano.

Foto: Mauricio Berho

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