Crónicas

Crónicas de Julián López

El presidente y la espada impiden el triunfo

Fecha Plaza Cartel Ganadería Resultados
14/03/2003 Valencia Enrique Ponce, El Juli Juan Pedro Domecq Ovación tras petición, silencio y ovación

El Juli, que sufrió una escalofriante voltereta, muy por encima de su lote.

VALENCIA. Viernes, 14 de marzo de 2003

Plaza de toros de Valencia. Feria de Fallas. Lleno de “no hay billetes”. Seis toros de Juan Pedro Domecq. Sobresalieron, muy por encima de sus hermanos, los lidiados en primer y tercer lugar. Simplemente manejable el sexto, complicado el segundo y flojísimo el quinto.

ENRIQUE PONCE (de marfil y oro) OREJA, OVACIÓN TRAS LEVE PETICIÓN Y SILENCIO
EL JULI (de berenjena y oro) GRAN OVACIÓN TRAS FUERTE PETICIÓN, SILENCIO Y OVACIÓN


Expectación de excepción en los aledaños del coso valenciano minutos antes de un mano a mano entre el valenciano Enrique Ponce y el madrileño Julián López “El Juli”.
La desigual fortuna en el sorteo impidieron ver a cada torero en su máxima expresión. Aunque realmente fue el mal manejo de la espada lo que impidió que ambos toreros salieran en hombros. Desafortunada decisión presidencial al negar una innegable oreja a El Juli en su primer toro.
La faena de más peso de El Juli fue precisamente con éste primero, segundo de la tarde. Un toro complicadísimo con mucho de ese peligro llamado sordo, que se encontró con un torero muy serio y valentísimo.
En un palmo de terreno, El Juli le robó derechazos ceñidos y templados. Tras una tanda por el pitón izquierdo, el peor del toro, Julián ya sufrió las cortísimas embestidas, pero su labor ganaba gran mérito al lograr arrancar naturales imposibles. Ya le venía avisando, pero El Juli insistió en una nueva tanda de naturales. En uno de ellos, el castaño de Juan Pedro lo cogió espeluznantemente, cayó fatal el torero sobre la arena, y allí lo volvió a prender echándoselo a los lomos.
Milagrosamente el torero salió indemne, y con una raza sobrenatural le arrancó los últimos y emocionantes muletazos. Pinchó en una ocasión dejando una estocada fulminante al segundo intento. Faltó sensibilidad y afición en el palco para premiar un esfuerzo enorme ante un toro que de noble y bueno no tenia nada.
Sin clase ni mayor lucidez pasó por la arena en cuarto de la tarde, al que Julián no banderilleó con un detalle de comprensión y respeto por parte de un público que entendió perfectamente la situación.Si banderilleó al sexto, sin duda el toro mejor hecho de su lote. Lo lanceó brillantemente, ganando terreno en cada mecida verónica y rematando con una luminosa media de rodillas. Quitó por caleserinas, con un remate o recorte precioso.
Con los rehiletes puso la plaza en pie, con pares dejando llegar mucho al toro, reuniéndose bien y clavando en lo alto.Hubo ligazón y mano bajo en las primeras tandas, pero el animal, aunque acudiendo manejablemente al engaño, no se entregó nunca por abajo.
Dibujó largos derechazos y naturales hasta que el toro se rajó. A partir de ahí ya le costó mucho más al toro obedecer a la mandona y poderosa muleta de Julián.
Hubo remates muy bellos e instantes intensos, como cuando ligó sin enmendarse un afarolado y un lentísimo pase de pecho.
Precedieron a una gran estocada dos pinchazos, por lo que todo quedó en ovación.

Foto: Maurice Berho

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