Crónicas

Crónicas de Julián López

ARRIMÓN DE FIGURA

Fecha Plaza Cartel Ganadería Resultados
28/11/1999 México Fernando Ochoa, El Juli, EL CUATE Garfias Silencio y gran ovación

PLAZA MÉXICO. Domingo 28 de Noviembre de 1999

LLENAZO Y ARRIMÓN DE FIGURA

Impresionante el aspecto que mostraba la plaza más grande del mundo. 50000 personas se reunieron para presenciar la reaparición de El Juli después de sus apoteósicas actuaciones de la pasada temporada grande donde inmortalizó a Platero en la confirmación, al desorejar a un toro de Xajay allá por el mes de Enero y como cierre en el aniversario de la plaza cortando cuatro orejas. Una auténtica lástima que todo se fue al traste por un deslucido lote en una corrida en la que hubo tres toros por lo menos muy manejables.
A pesar de ello Julián dejó constancia de su figura y correspondió a la expectación arrimándose de lo lindo en ambos toros. La fuerte petición de oreja no fue atendida por el presidente por la defectuosa colocación de la espada. Al final salió del coso con una cerrada ovación en reconocimiento al esfuerzo realizado.
Se lidió un encierro de Marco Garfias desiguales de presentación y juego. Varios de ellos lucieron desarrolladas cornaduras. El 2º de Javier Garfias sustituto del titular que se partió un cuerno por la cepa, con dificultades. Y uno de Manolo Martínez de regalo, muy deslucido. Destacaron 1º, 4º y sobre todo 6º.
FERNANDO OCHOA de celeste y oro (silencio, ovación tras aviso y silencio en el de regalo)
EL JULI de azul añil y oro (silencio y gran ovación tras petición)
EL CUATE de azul marino y oro.-confirmación-. (silencio tras dos avisos y silencio)
Ochoa no quiso ver con al capote al segundo que derribó al caballo. Cogió la muleta para comenzar doblándose y correr la mano con desigual temple. Un sector de público se enfadó muchísimo en un martinete un tanto a destiempo. Faena larga para matar de un bajonazo y retirarse a tablas entre protestas.
Fernando tardó en ver al cuarto que, junto al sexto, fueron los mejores del festejo. El animal embestía a cámara lenta, descolgando la cabeza, pero luego "cantó" al rajarse para buscar tablas. Y curiosamente fue allí donde el diestro cuajó los mejores momentos de su faena, al ligar un par de redondos invertidos que levantaron fuertes olés. También brilló en un artístico cambio de mana, también por los adentros. Y para rematar con unas bernadinas y una ceñida arruzina. Dos pinchazos y estocada para recoger la ovación desde el tercio, después de escuchar un aviso. Con el toro de regalo, no pudo ni siquiera dejar detalles por la deslucidísima condición del de Manolo Martínez.
El Juli lidió a un castaño de incierta embestida y de peligrosas intenciones. Lo bordó en un quite por chicuelinas y una magnífica media, lo mejor de la tarde. Banderilleó desigual y comenzó la faena con aplomo en unos estatuarios sin enmendarse, un quiquiriquí a pies juntos y un desdén con tersura.
Para colmo se levanta un aire fortísimo pero que no parece molestar al torero al echarse la muleta a la mano izquierda para citar a pies juntos en unos naturales puros a más no poder, ni si quiera se ayuda de la espada para citar en una auténtica muestra de valor y verdad. Acaba con el toro de una media arriba.
Al quinto le realiza un quite por chicuelinas antiguas o navarras, en donde destaca la adormecida.larga. Desde luego el toro era, de largo, el más serio de la corrida. El Juli puso la plaza boca abajo en banderillas al entrar dos veces por los adentros ajustándose a tablas por unos terrenos inverosímiles. Con la plaza en pié saludó desde los medios. No quiso tirar de probaturas y el primer muletazo de Julián fue una trincherilla para ligar sin enmendarse el primero de los cuatro derechazos de los que constaría esa tanda, con tersura y suavidad. El toro se aquerenció en tablas y fue allí donde El Juli sacó derechazos larguísimos aprovechando el viaje del toro hacia tablas e incluso convertir algún derechazo en redondos completos. Como el toro rehusó a embestir, El Juli se metió entre los pitones papa, uno a uno, sacar los muletazos desde aquí hasta allá. Lamentablemente echó todo a perder con la espada, al dejarla baja. Un detalle que gran parte del público no apreció, lógicamente por la enorme dimensión del coso. Por ello se pidió con fuerza la oreja que el presidente no otorgó. Pero en el ambiente quedó la impronta de la enorme capacidad del joven maestro, que respondió en figura a las extraordinarias expectativas creadas.
El Cuate no pudo ocultar los nervios que le producían confirmar la alternativa y lo que es más, hacerlo con la plaza llena hasta el reloj. En el toro del doctorado solamente sacó algún muletazo suelto, y una voltereta que no tuvo mayor consecuencia que el destrozo de la taleguilla. Las pasó mal para liquidar al toro por lo que estuvo a punto de ver como lo regresan vivo a los corrales. Dos avisos con silencio.
Al sexto lo recibió con un farol de rodillas para luego realizar un magnífico quite mezclando navarras y tafalleras en la que destaca una colosal media. Antes de comenzar la faena muleteríl, Ochoa sale al tercio para pedir el regalo. El Cuate se luce por derechazos rematando con un medido martinete. En verdad el toro es magnífico y Enrique Espinoza poco a poco se va desacoplando. Como la gente se empieza a enfadar, no le queda más remedio que irse por la espada. Liquida al de Marco Garfias con un pinchazo y una media para silenciarse de nuevo su labor.

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