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"La plenitud de El Juli": Entrevista en 6toros6 (3/3/2008)

lunes, 3 de marzo de 2008

 Por fin ha llovido de verdad. El campo, y los agricultores, lo pedían a gritos. Pero cuando llegamos a “El Freixo”, la finca que El Juli le compró hace unos años a Paco Ojeda, los cerrados de ese paraíso interior de Extremadura que es el valle de Táliga están ya verdes. El agua sólo ha hecho que sacar brillo y alegría a los pastos.


El torero ha terminado ya las obras de reforma del caserío, y Rosario, su mujer, anda liada con la decoración. Con elegancia, sin ostentación, mezclando clasicismo y modernidad, como corresponde a dos jóvenes de nuestro tiempo. Se palpa la armonía en el ambiente, la de las personas y la del entorno. Y Julián disfruta enseñándonos con naturalidad sus posesiones. su refugio, allí donde pretende pasar la mayor parte de su tiempo... cuando no esté toreando.


—No hablábamos desde tu boda, en octubre, así que la primera pregunta, Julián, es obligada: ¿qué tal la vida de casado?


—Hasta ahora, muy bien. Tengo la suerte de que todo el mundo que está a mi alrededor sabe entender lo que significa mi profesión. Y también Rosario, claro. Llevo ya muchos años con ella y sabe perfectamente cuál es mi camino.


—Me refería a si el matrimonio te aporta o te resta algo como torero...


—Por supuesto que me aporta: una gran estabilidad emocional y un apoyo enorme, un respaldo muy favorable para tomar decisiones importantes.


—Y más madurez aún...


Claro, tanto en lo profesional como en lo personal, aunque creo que he sido siempre muy maduro, porque todo me ha venido muy rápido y he tenido que resolver situaciones complicadas desde que era casi un niño. Es verdad que el matrimonio supone mucho en la vida, pero la intensidad de mi relación con Rosario siempre ha sido la misma, por lealtad y por sentimientos.


—Pero encaras ya la décima temporada de alternativa como hombre casado. Es como si se marcara una frontera, que no sé cómo afrontas.


—Con absoluta tranquilidad. Ya he pasado las etapas más duras y difíciles, las de ganar credibilidad y categoría, las de defender mi posición y las de vencer la animadversión de cierta parte del público y de la prensa. Al haberlo superado, ya no siento esa necesidad. Saldré sólo a demostrarme a mí mismo, a nadie más, que aún puedo seguir mejorándome.


—O sea, que ves la sida de otra manera...


—Claro, la situación ha cambiado mucho. Ya no hay angustias, ni presiones. Tengo una gran seguridad en mí mismo y tranquilidad, mucha tranquilidad.


—La tranquilidad, si es que puede haberla en el toro y menos en el caso del que sabe que está arriba del todo.


—Estoy simplemente en el sitio que quiero estar. Ni quiero ser mejor que nadie, ni quiero torear veinte tardes ni doscientas. Lo único que quiero es mandar en mi carrera, porque mi sitio no lo cambio por el de nadie. Es el sitio de la independencia, el de la categoría y el caché que me he ganado, y sólo tengo que seguir demostrando en el ruedo que me lo merezco.


—Entonces, ni veinte corridas ni doscientas, pero sí como base de todas las ferias, ¿no?


—Desde Castellón a Zaragoza. Tal y como está el toreo, terminar y acabar la temporada en las ferias grandes es ahora mismo el gesto más importante que puede hacer un torero. En todos estos años siempre lo he hecho así. Siempre he dado la cara ante la responsabilidad y ante los retos. La temporada pasada, por ejemplo, toreé varios mano a mano con todos los toreros jóvenes que están apretando, e incluso con José Tomás.


—~Y en cuanto al tipo de toro al que te vas a enfrentar?


—Después de muchos años, creo que voy conociendo el toro que necesito para hacer el toreo que la gente me quiere ver hacer. Y ese toro no es otro que el que embiste, humilla y quiere coger la muleta, sea del hierro que sea.


—Y aparte de ir a todas las ferias, de principio a fin de la campaña, ¿vas a hacer algún otro gesto en especial?


—Tengo mucha ilusión en celebrar mis diez años de alternativa en Nímes, porque a esa plaza le debo mucho. Allí empezó todo, allí siempre me han sido fieles, hasta en los momentos más complicados, y allí han sabido aceptar bien mi evolución como torero. Por lo demás, en las otras plazas mataré todo tipo de corridas, siempre dentro de esos parámetros que te decía, y frente a todos los toreros que quieren dar guerra.


—Vamos, que no renuncias a la pelea. Con tranquilidad, pero en guardia.


—No renuncio, no, porque la pelea me motiva y porque me gusta ver torear bien. Me ilusiona Yerme las caras con los nuevos toreros, porque sé que salen a pelear. Y este año hay unos cuantos.


—Desde luego que sí. Y como eres un gran observador y muy buen “aficionado”, me gustaría que los definieras en pocas palabras. Por ejemplo, Sebastián Castella...


—Técnicamente ha conseguido redondearse mucho, y se mete en un sitio muy especial con muchos toros. Eso tiene mucho mérito.


—Miguel Angel Perera...


—Quizá sea el que más se acerque al toreo que me gusta, largo y por abajo, y con esa expresión y con esa entrega que se necesitan para crear obras importantes.


—Matías Tejela...


—Siempre me ha llenado mucho, porque, cuando está a gusto, hace un toreo muy arrebatado y apretado, siempre de mano baja. Cuando consigue hacerlo, es un torero maravilloso. Disfruto mucho con él.


—Alejandro Talavante...


—Lo suyo ha sido muy importante. Se ha puesto arriba siendo muy nuevo, y eso es un arma de doble filo. Pero su gran virtud ha sido imponerse y atreverse a hacerlo en las plazas más importantes...


—José María Manzanares...


—Es uno de los toreros más redondos que he visto el año pasado. Haciendo primar su calidad, ha conseguido valor y sitio para triunfar con regularidad, algo que está al alcance de muy pocos. Manzanares aúna técnica, exposición y calidad.


—Cayetano...


—Me ha sorprendido por su gran amor propio, y tiene cualidades para conseguirlo todo en el toreo. Sólo le falta redondearse.


—Juan Bautista...


—Me ha dado mucha alegría verle convertirse en un torero con esa gran técnica y con ese gusto y ponerse en figura en cuestión de un año.


—Hablemos también de otros toreros no tan jóvenes: ¿vas a torear con José Tomás este año? La coincidencia, por aquello de los dineros de ambos, parece difícil.


—Claro que voy a torear con él, por qué no. A mí me gusta torear con los grandes. Yo espero que se pueda arreglar algún cartel con los dos. Es difícil para las empresas, pero seguro que alguna tendrá la oportunidad de juntarnos.


—¿Qué te parece esa guerra de reivindicaciones de dinero y de derechos de imagen en que anda metido?


—Me parece bien. El juega con la ventaja, dicho entre comillas, de que la gente no le ha visto en cinco años. Y en muchas plazas en las que se anuncia, los demás hemos toreado diez o doce veces en ese tiempo. Pero, vamos, si lleva gente y hay interés en verle, me parece fenomenal que reivindique su categoría y su sitio. Eso es positivo para todos los toreros, igual que pasó con El Cordobés, con Manolete... o conmigo, por qué no decirlo, en mis primeros años de alternativa: cuando hay un interés tan enorme por ver a un torero, se sube el caché de todos los compañeros indirectamente. Todo lo que sea atraer público a las plazas, todo lo que sea un revulsivo, es bueno para la Fiesta.


—¿Qué han marcado en tu mente estos diez años de alternativa?


—Una consecución numérica de todo lo que me he propuesto. Pero los números ya no me ilusionan, ni las dos mil corridas, ni los quince o veinte años de alternativa. Tengo sólo ilusión por torear y por sentirme ganador, por entender y cuajar un toro, por pegar veinte muletazos en una plaza importante. Ya sólo torero por las sensaciones, no hay más metas.


—Porque las has conseguido todas?


—Digamos que me he acercado mucho y que he llenado todos mis vacíos como artista.


—Pero decías que no te ves toreando veinte corridas, haciendo temporadas cortas y de poca responsabilidad, sino que quieres seguir peleando.


—Mi ritmo ha sido siempre muy duro y mi toreo es de entrega, de romperme mucho. Y para llevar ese ritmo hace falta estar muy preparado, muy dedicado y muy concentrado en la profesión. Y muy dispuesto a dejarlo todo atrás, sin medias tintas. Eso compensa hasta que dejas de hacerlo, y a mí todavía me compensan cosas como lo de Madrid del año pasado.


—En efecto, por fin conquistaste Las Ventas, pero aún te queda conquistar Sevilla.


—Sí, he corlado muchas orejas allí, e incluso me gané el derecho a salir por la Puerta del Príncipe el día de la cornada, pero en esta etapa no me han visto como yo quisiera. No se trata de orejas ni de salidas a hombros, sino de que la gente disfrute con mi toreo. Ese es el proyecto más ilusionante de este año, aunque, como de triunfar no se cansa uno, me gustaría repetir lo de Madrid. Esas dos plazas siempre están en mi mente.


—Dices que al final, después de todo este tiempo en activo, sólo toreas por sensaciones. Eso es como volver a los inicios, cuando con diez añitos llegaste a la Escuela de Madrid...


—Es exactamente eso. Cuando toreé mi primera becerra, no quería ser figura, ni hacerme rico, ni pelear con nadie. Sólo quería ser grande toreando, crecerme en esa sensación incomparable de llevar toreado a un animal con todo tu sentimiento. En el fondo, esa es la única verdad del toreo, su origen y su sentido. Después de todo lo demás, eso es lo que te queda en el alma.

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